La megaciudad del futuro de una sóla línea, sin autos ni caminos: ¿sueño imposible, o la hazaña más ambiciosa de Arabia Saudita?

De consolidarse, sería uno de los mayores logros de la humanidad

Por:  Javier Neri

"LA LÍNEA es una revolución civilizatoria que pone primero a los humanos, proveyéndolos de una experiencia urbana de vivienda sin precedentes que preserva el entorno natural. Redefine el concepto de desarrollo urbano y cómo deberían de lucir las ciudades del futuro", dice la página oficial sobre el proyecto urbanístico conocido como "Neom", una ciudad planteada desde cero que promete cambiar la forma en que pensamos la manera de habitar en una ciudad. 

Presentado en julio y auspiciada por la realeza de Arabia Saudita, este lugar utópico promete prescindir de los caminos asfaltados, omitiendo los automóviles y por ende, las emisiones de carbono. Sus fuentes energéticas serán 100% renovables, mientras que el 95% de los alrededores serán conservados para la naturaleza. La salud y bienestar de sus habitantes serán prioritad, por encima del transporte y la infraestructura. 

"Neom" tiene el potencial de ser uno de los grandes proyectos
de la infraestructura privada

Su ancho comprenderá 200 metros y se extenderá a lo largo de 170 kilómetros, a una altura de 500 metros por encima del nivel del mar. Se espera que albergue a 9 millones de personas dentro de un entorno con clima ajustable, mientras que los habitantes tendrán acceso a todos los servicios más básicos, a tan sólo 5 minutos de distancia caminando. ¿Y para zonas distantes? Se contará con una pista de alta velocidad que conecte de punta a punta a "La Línea", cuyo recorrido no demorará más de 20 minutos. 

Por otro lado, sus edificaciones de 500 metros de altura, con muros de cristal, estarán en los bordes, preservando un interior que permitirá a las personas moverse a sus anchas entre los conjuntos de la urbe. Todo indica que se trata de una idea soñada: la ciudad perfecta para atender las necesidades humanas, y al mismo tiempo respetar el medio ambiente. Adiós a los autos que generan tráfico, a los servicios sobrepasados, al clima insostenible y en especial, a toda la contaminación derivada de la mancha humana. 

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Poniendo los pies sobre la tierra

Sin embargo, ¿qué tan certero puede ser un ideal como el que busca "La Línea"? En un artículo para The Guardian, Oliver Wainwright analiza a profundidad las características del proyecto, comparándolo con otros similares que se han presentado a lo largo de la historia de Occidente, y que fracasaron debido a múltiples factores que sus desarrolladores no habían previsto, como la inestabilidad de climas políticos y económicos. 

En la década de los sesenta, un arquitecto japonés planteó un futuro gigantesco para Tokio por medio de una línea que atendiera las necesidades de la población creciente de la mega urbe

Tales fueron los casos del español Arturio Soria y Mata en 1882;  Edgar Chambless en 1910 en los Estados Unidos (Thomas Edison incluso ofreció sus patentes para llevar a cabo la idea de Chambless);  Mikhail Okhitovich en la Unión Soviética; el renombrado arquitecto Le Corbusier en Algeria durante 1931; Kenzo Tage en Tokio en 1961 y la meta de Peter Eisenman y Michael Graves en 1965, nuevamente en Estados Unidos. 

La ciudad promete incorporar de forma armónica zonas naturales
con las estructuras habitacionales y recreativas de Neom

Por otra parte, el anuncio de este megaestructura recurrió a expertos en la industria del entretenimiento que han trabajado para Marvel Studios y otras compañías encargadas de hacer realidad lo implausible, sin embargo, no se ofrecen detalles sobre la financiación; una estimación real en cifras brutas sobre lo que conlleva elaborar un trabajo de este calado, ni mucho menos las fuentes necesarias para la subsistencia humana. ¿De dónde sacará una región árida agua diaria para 9 millones de personas? ¿Qué industrias no perjudiciales para el medio ambiente se podrían llevar entre sus muros? 

Si bien es verdad que los ejemplos que Wainwright destaca ocurrieron antes de la era moderna, donde contamos con tecnología capaz de llevar a buen puerto la mayor parte de este ambicioso sueño arquitectónico, la realidad, como en muchos otros anuncios bombásticos que prometen milagros de tecnología y futurismo de nuestros días, es que se requiere más que espectáculo para lograr hazañas como supone "La Línea". 

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